Primer auto solar chileno
Eolian: Sol en Movimiento
por Nicolás Barrera R.
Jueves de agosto y Santiago está radiante. Furioso, el sol abrasador nos demuestra su poder haciéndonos odiar nuestros abrigos. Un poder que, sin embargo, no se limita solo a entregarnos luz y calor.
A pocas cuadras del Parque O’Higgins se encuentra el Departamento de Ingeniería Eléctrica (DIE), perteneciente a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile.
Este lugar sorprende desde un comienzo: para entrar por sus delgadas puertas de vidrio es necesario acercar una tarjeta – que acredita que se pertenece a dicha facultad – a un lector, una forma moderna de decir “ábrete, Sésamo”. Todo el recinto incorpora, hasta en el detalle más ínfimo, algo de la tecnología del siglo XXI.
Una de las estrellas del DIE es Eolian, el primer auto chileno a base de energía solar. “Este proyecto es eminentemente de origen estudiantil e incorporó al Departamento de Ingeniería Eléctrica, al de Ingeniería Mecánica y la Escuela de Diseño de la U. de Chile”, dice Rodrigo Palma, director del Centro de Energía de la FCFM y académico del DIE.
Eolian incorpora en su estructura una gran gama de innovaciones, que le brindan un valor agregado más allá de ser el primer auto solar chileno.
“Se buscó introducir innovación en varios aspectos, como en la forma de fabricación del chasis, los que se hicieron acá. Además, se innovó en el diseño de la estructura; en la forma de incorporación de las celdas; en el conversor de potencia que transfiere la energía solar a las baterías; en el asiento del piloto, que era aerodinámico; la estructura del volante; y, por último, en el sistema de monitoreo remoto del vehículo”, relata Palma.
El proyecto nace a mediados de 2006 y demoró un año y medio en salir adelante. En el norte de Chile, en febrero de 2007, probaron el primer prototipo del auto, experiencia muy enriquecedora para el equipo según el profesor Palma: “Sacamos muchas cosas al limpio. La decanatura nos puso la prueba de poner en movimiento al primer vehículo solar chileno. En esa ocasión tuvimos muchos problemas, incluso se rompió una parte del prototipo, en su transporte”.
Otra dificultad grande fue el trabajo en equipo. Cuando las cosas empiezan a funcionar mal, es en donde se prueba de verdad la capacidad de resolver problemas”, dice Palma.
La batalla de Australia
La prueba de fuego fue el Panasonic World Solar Challenge, desarrollado en Australia en 2007. Una comitiva de 29 personas llegó hasta esas tierras, trabajando en Eolian.
“Nuestra primera expectativa era no hacer el ridículo. Allá se durmió muy poco pero el grupo estuvo sumamente disciplinado y no hubo ningún escándalo. Se trabajó bien y quedó un equipo chico que era el que estaba realmente en la ruta crítica del auto. El resto estaba en el entorno, con labores igual de importantes, pero apoyando a los más involucrados, que estaban en un estrés máximo”, recuerda Rodrigo Palma.
Otro de los participantes del equipo fue Pablo Gibson, en ese entonces estudiante de ingeniería civil mecánica de la U. de Chile. Para él, “en el momento de la competencia fuimos un solo equipo. Todos estábamos luchando por el mismo objetivo…el de llegar a la meta”.
Después de una dura competencia, Eolian obtuvo el 14° lugar, de 23 competidores. La sensación fue de derrota y de miel. Rodrigo Palma considera que estar entre los primeros cinco lugares es ser el mejor del mundo, ya que los equipos eran – y son – demasiado parejos.
En la actualidad, Eolian viene viajando desde Iquique. Se presentó en el norte por un proyecto Explora. Este auto volvió a moverse pero no en Australia, sino que en Huara. La luz del sol, la misma que está en estos momentos irradiando al gran Santiago, no solo energizó a Eolian… también al equipo.
Dentro del grupo se está discutiendo la construcción de un Eolian II. “En la medida que nos vaya bien y que se vea el compromiso de los jóvenes en estos temas, no veo como algo imposible que el Centro de Energía impulse un nuevo Eolian, uno que sea capaz de sacar un lugar entre los primeros cinco”, finaliza Palma.
“Pegarse un salto tecnológico resulta caro”
Eolian es una experiencia esperanzadora en momentos tan críticos para la energía convencional, en un país con tantas posibilidades para explotar las renovables, como mencionó Michelle Bachelet al promover la ley de Energías Renovables No Convencionales (ERNC). “¡Por qué no aprovechar nuestro Norte Grande, donde el sol brilla todo el año, como una gran fuente de energía!”, dijo ante el Congreso.
Pese a lo anterior, el financiamiento fue un problema para Eolian. “Hasta último minuto corrimos para financiarlo. El primero en apostar por nosotros fue Conecta, una empresa privada de ingeniería, la que colocó recursos para el primer auto prototipo”, declara Palma.
Con el tiempo se sumaron importantes empresas – como Codelco, Subaru y Asexma – que sacaron adelante a Eolian. Además, la facultad entregó su apoyo.
Este grupo incluso llegó a innovar en la manera de conseguir recursos, creando Adopta una celda. “Este era un programa, a través de Internet, en el que se compraba de forma figurativa una celda para el auto. Costaban cerca de 16 mil pesos y tuvimos cerca de 260 compradores”, cuenta el académico del DIE.
Rodrigo Palma cuenta que al interior de la FCFM se desarrollan proyectos con energías renovables que se encuentran al alcance de los ciudadanos. “Se pueden hacer mejoras inmediatas y desarrollos de bajo costo, por ejemplo, cocinas solares, mejoras en la aislación de las casas y el secado de la leña. Hay muchos ámbitos en donde uno puede, de forma rápida, incorporar avances a la vida cotidiana.
A pesar de lo anterior, Palma tiene cautela en lo que respecta al uso masivo, y en otras áreas, de energías renovables. “En lo que concierne a un salto tecnológico, es cosa de mirar los precios: es caro. Tengo un vehículo eléctrico hechizo que me hice, con el que ando todos los días, que me rinde un equivalente a 22 kilómetros por litro. Es como un vehículo eléctrico de bajo costo. Ahora bien, si me quiero pegar un salto a un eléctrico ‘de verdad’, si se pone al lado de uno convencional, en lo que respecta a los precios, el eléctrico recién es rentable después de treinta años”, puntualiza Palma.
Esta visión es compartida por Pablo Gibson, quien afirma que “la inversión inicial es más elevada”. Eso sí, aclara que esta “se recupera con el paso del tiempo”.
Además, Gibson opina que “para usar este tipo de energías primero hay que cambiar la mentalidad a la gente. Hay que tratar de ser ahorrativos con la energía que actualmente utilizamos, ya que sin una optimizada forma de vivir, estas tecnologías no se hacen viables”.



