Con Tinta Negra

Periodismo Independiente

Chinatown, el barrio chino de Manhattan.

Para servirse o llevar

Chinatown_semifullLas puertas del tren N se abren y los pasajeros que bajan y suben son distintos a los de las paradas anteriores. El cartel que anuncia  la estación Canal Street tiene dos caracteres en chino cuyo significado no intento adivinar. Camino por los pasillos sabiendo que estoy a metros de recorrer por primera vez un lugar que jamás he visitado, pero lo he visto incontables veces. Los turistas ansiosos y los orientales serenos que suben frente a mí lo ven primero. Tres peldaños más y ahí está: Chinatown, el barrio chino de Manhattan.

Camila Larsen

Poco hay de chino al asomarse a la esquina de Canal con Broadway, excepto por el kilométrico despliegue de falsificaciones de carteras, lentes de sol y perfumes. En los cinco minutos que demoras en caminar diez metros te enredas entre turistas españoles y alemanes, entre vendedores etíopes y mexicanos, y entre bolsos (casi) Gucci que, como los originales, también fueron cosidos por niños en Asia, aunque cuestan 40 dólares.

El primer encuentro con el barrio chino es un poco decepcionante. ¿En lugar de pasear por un Patronato a gran escala debería estar viendo la Estatua de la Libertad? Pero dios bendiga a la tierra de los libres, que mis ojos ven un Starbucks con un cartel en… ¡chino! De pronto las tiendas de relojes se transforman en verdulerías y las de carteras en centros de llamados.

Hay fachadas de pagoda pegoteadas en algunos edificios, aunque la mayoría de las construcciones sigue un patrón común: en la base, como una raíz verde jade (o roja o dorada), crecen tiendas de productos orientales. Desde el letrero con nombre indescifrable hacia el cielo, continúa la gris fachada de un edificio de cincuenta ventanas.

La calle Canal es una exportación made in China, una chuchería para turistas que no huele a pescado exótico. Pero de la calle Mott  hacia adentro estarás más cerca del continente asiático que de la Quinta Avenida. El corazón de Chinatown es un retorcijo de calles que te hace pensar que estás caminando en círculos. Hasta que llegas a un esquina y descubres algo que no habías visto: funerarias budistas que venden incienso locales de reflexología y acupuntura, restoranes vegetarianos que ofrecen pollo falso, patos asados colgando de las vitrinas y muchas frutas con formas monstruosas.

En unas pocas cuadras, los inmigrantes chinos deben replicar lo que encontrarían en su ciudad de origen. La falta de espacio es evidente. Las calles son estrechas, y si bien los edificios son altos, su delgadez parece contener a duras penas a los miles de arribados del país más poblado del mundo. Sin embargo, la maqueta funciona. En el barrio chino eres más extranjero que en el vecino Soho o incluso que en Little Italy.

Chinatown se vive en el momento, mientras te abres paso por sus veredas desordenadas, hueles su aire tan espeso y deslizas tus ojos en cada trazo de su alfabeto. Pero los  chinos han creado un contrato para permitir la exploración de su estilo de vida: el comercio. Así, este sector se convierte en una muestra de un país todavía más lejano que en el que estás. Y puedes llevarlo de vuelta en tu maleta porque Chinatown es una experiencia para servirse o llevar.

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