Un relato en vivo desde las giras de gobierno a dos días de asumir el mando
El terremoto que todos quieren ocultar
“¡Señor Presidente, señor Presidente!, abajo de nuestras casas hay gente muerta y nadie la viene a buscar. No podemos volver ahí porque el olor es insoportable”. Esas alborotadas palabras eran la bienvenida de una joven de 15 años al flamante Presidente de Chile, Sebastián Piñera, al bajarse de un helicóptero de la Fach en Dichato.
El balneario de la VIII región es actualmente una película de terror. La fuerza del mar arrasó con sus hogares, sus fuentes de trabajo, y sus recuerdos. Su dignidad está esparcida entre escombros, barro y albergues improvisados en carpas enviadas desde Medio Oriente, que se abastecen con agua que viajó kilómetros desde Copiapó.
“Señor Ministro, yo soy de Chillán, pero he pasado todos los veranos de mi vida en Dichato, esta es mi gente, y mi gente se va a morir en la calle si no llegan las mediaguas. Hasta ahora hemos resistido bien, pero el invierno nos va a matar a todos. Mi hijo de un año está en Chillán, no lo veo desde el terremoto, pero no puedo abandonar a mi gente hasta que vea la primera casa en Dichato”, decía un joven. Moreno de pelo largo recogido en un moño alto, de ropa hippienta y sucia, caminaba a paso firme junto a uno de los señores de “la parca roja”, luchando por no perderlo del alcance, hasta que logró captar su atención. Rodrigo Hinzpeter, ministro del Interior, levantó la vista del suelo y lo miró a los ojos, medio ensimismado después de ver tanto desastre en las narices, en las suelas del zapato, en la garganta seca, la tierra entre las uñas.
Un circo de aplausos sonaba de fundo, mezclado con el llanto de las mujeres que abrazaban emocionadas a la Primera Dama, “tan bonita que es usted señora Cecilia, gracias por venir a ayudarnos”, le decían, mientras el chico del moño alto proseguía sus cinco minutos de fama con la lectura de una desgarradora lista. “María Ignacia Moreno, 7 meses de gestación, 1 mes sin recibir control de su embarazo, un hijo de dos años, sin casa, sin familia, cesante. Juana Rosales Cancino, 4 meses de gestación, mes y medio sin control de su embarazo, 2 hijos, sin hogar, marido cesante”, así iniciaba la larga lista de la situación de las mujeres embarazadas de Dichato. Hinzpeter caminaba cabizbajo escuchando en silencio, la mirada perdida en el asfalto de la larga calle en la que, más adelante, el Presidente daría un breve discurso alentador, con un megáfono, para que todos escucharan fuerte y claro que el Gobierno había llegado a prometer soluciones.
El joven moreno de ropa hippienta seguía con su lista, voz firme, inquebrantable, sobrecogedora, no sólo había logrado la atención del Ministro, también su respeto. “Bien cabro, bien”, le dijo Hinzpeter mientras le palmoteaba la espalda conmovido. Le tomó sus datos, un número de contacto, se despidió desconcertado y se alejó del ministro mezclándose en la multitud agolpada para escuchar al Presidente, para mirar a la Morel de cerca, para tomarse una foto con la Intendenta, para darle un abrazo a cualquiera que llevara “la parca roja con el escudo de la patria”.
“Esto no va a salir en ningún diario”, pensé en ese momento, mientras caminaba junto al resto de la prensa acreditada que acompañaba a la comitiva presidencial en su gira por la región del Biobío y el Maule. Piñera habló desde su megáfono, yo puse mi grabadora al igual que en todos los lugares que visitamos; Talcahuano, Cauquenes, Pelluhue, Curanipe, Talca, Iloca, Duao y Curicó.
Nos despedimos de Dichato, subimos al helicótero de la Fach -Dell 412-, sobrevolamos el arrasado balneario y partimos rumbo al siguiente destino, para repetir las mismas palabras, caminar entre la misma gente desesperada, tomar fotos, poner la grabadora, y volver a subir al helicóptero, dejandolos atrás, abajo, chiquititos, como hormigas. Las hormigas de Dichato, las hormigas de Iloca, las hormigas de un pueblo devastado, las hormigas que de puro coraje siguen de pie, caminando en fila, reconstruyendo un nuevo hormiguero sobre las ruinas del que, sin piedad, se llevó la furia del mar.
De vuelta en Santiago, efectivamente, esto no salió en ningún diario, porque el periodista estrella tenía cuñas en off de record que le dijo el asesor del asesor, de una reunión secreta del comité de reconstrucción donde se evaluaba el alza de impuestos, y esa, desde luego, era la noticia de portada.
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